Artículo en la revista Seguritecnia. Octubre 2015.

Con motivo del V Congreso de Protecturi, escribí este artículo para la revista Seguritecnia. En él trato, sobre la valoración del Arte y Patrimonio.

¿PORQUE SE VALORAN LAS OBRAS DE ARTE Y EL PATRIMONIO?

Siempre que el ser humano admira algo que ha sido realizado por la mano del hombre, se fascina y después inconscientemente lo valora, es en éste momento cuando nos preguntamos, si lo valora como una genialidad, como una obra maestra o como una maravilla, es entonces cuando se pregunta: ¿cuánto vale?.

Es normal y de condición humana valorar todo lo que admiramos como algo bello, que nos satisface y nos culturiza, pensando en la suerte de quienes la poseen.

A partir de ese momento puede ser que se plantee si pudiera conseguirla y si estaría en condiciones de obtenerla, entonces ¿cuánto costaría?, intentaría evaluarla por lo impresionado que ha quedado, pero si no es una persona conocedora del arte y se deja llevar por sus impulsos, debido a su inexperiencia en los diferentes conceptos que entran en la valoración de una obra de arte, acaba cuestionándose que valor darle, es entonces cuando quizás le atribuiría un precio.

Ahora entraremos en la labor del experto tasador que valora la obra de arte:

¿Qué dificultades se encuentra un experto independiente que precisa efectuar una valoración, si el autor no se encuentra dentro de los círculos del mercado?

Desde mis inicios me he preguntado quien o quienes ponían valor a una obra de arte, en qué momento deja de ser un valor reconocido para pasar a ser una inversión y sin discusión a veces descontrolada. Si nos ajustamos a una lógica de proceso para la valoración de un artista veremos que al inicio quien pone los precios es él propio artista, el sistema o proceso habitual es basándose en las MEDIDAS UNIVERSALES DE BASTIDORES, en el mismo hay un apartado que indica TAMAÑO normamedidas universales de bastidoreslmente se denominan PUNTOS, así el artista basándose en estos puntos aplica un importe que multiplica por el número de los mismos, de esta manera, inconscientemente, determina lo que será el importe de venta de su obra, sin ser conocedor de si dicho importe pertenece a su valor o a su precio.

Es a partir de esta andadura cuando el artista si es elegido o entra a formar parte de los artistas de una galería, cuando la cuestión del valor o el precio, pasa a otro estatus, y así comienza su camino como artista en el mundo del arte.

Durante esta trayectoria puede cruzarse la figura del marchante que lo introduce en otros círculos del arte, como la participación en Ferias o Muestras de Arte, pudiendo llegar incluso a consolidarse con una cotización importante. Durante esta trayectoria no olvidemos a otros intermediarios determinantes como son las salas de subastas.

Durante la andadura del artista y su obra puede solicitarse la intervención del Experto Independiente, el cual, realizará la valoración intentando ser conocedor tanto de su trayectoria y proyección como de su obra, investigando lo máximo posible para ser justo y ecuánime a la hora de efectuar la valoración.

Pongamos de ejemplo que se tiene que efectuar la tasación de una obra de la cual el autor no es conocido, ni es cotizado, ni ha entrado en subastas, y es desconocido en el mercado, pero la obra por sus características técnicas, temáticas, época de ejecución, etc., la podemos considerar importante y con una posible transmisión cultural particular, propia de la época en que fue realizada, es ahora cuando el experto sin condicionamientos da valor a la obra. (basándose en lo anteriormente mencionado).

Pienso que realmente cada vez que hemos de efectuar una valoración, se nos presenta el dilema de si debemos, primero contemplar la obra de arte como tal, y no como la obra de arte de Tal. Si entonces sabemos apreciar los valores que la obra contiene en si la misma, podremos empezar a valorarla. Si la obra es excepcional le pondremos un valor, por descontado un valor justo y ecuánime, que el mismo sirva para garantizar el Patrimonio que se tiene, pero no que el exceso de valor haga dudar de su garantía cuando se precise. En caso de que la obra no sea excepcional, su valor sin duda también será justo y ecuánime y con las mismas garantías aunque el mismo sea inferior.

Si tenemos claro que el Arte finalmente es Patrimonio hemos de considerar que se debe valorar el hecho histórico que conlleva la obra, su parcela en la historia, los movimientos artísticos y culturales en la que se emplaza. Consideremos que a la hora de valorar una obra nos hemos de ubicar con imparcialidad en la época o periodo de la misma y no dejarnos llevar por la corriente de mercado, sino por todo lo que la envuelve desde el movimiento artístico a su emplazamiento cultural, dejando al margen las corrientes, las cuales por ser normas no dejan de ser necesarias, sino imprescindibles.

También hemos de tener presente que una valoración tiene un objetivo, no por ello éste debe condicionar su valor.

Además es cierto que hay datos e información que ayudan a establecer una orientación sobre la valoración que debe atribuir a una obra, pero siempre condicionado a los criterios que se reflejan en ella. Por lo que antes de determinarla tenemos que haber estudiado lo más importante “la obra”. Y por descontado comprobar las diferencias que hubiera tanto en la época en que se realizó, así como en su temática. Hay que tener en cuenta que hay periodos del artista que se consideran más importantes y que normalmente son los más valorados.

Otro de los campos en los que nos podemos adentrar en el mundo del arte es en quienes dan valores a las obras, que yo más bien opinaría precio, que son sin duda los galeristas o marchantes, intermediarios imprescindibles en la comercialización del arte y por descontado los que introducen, promocionan y dar a conocer como anteriormente ya he manifestado, a un artista.

Llegados a este punto el experto se encuentra con las distintas parcelas que se hallan en el mundo del arte y que me gustaría reflejar a continuación:

En un principio es fundamental la Galería de arte, desde la cual con la aportación de sus exposiciones dan a conocer las obras de arte, y por ende al artista, después tenemos el Marchante que sin discusión su labor es importante ya que mueve la obra de un artista dándole a conocer dentro de un ámbito internacional, si un marchante opta por un artista y por el solo hecho de que exprese su validez el mismo queda reconocido en el circuito de artistas cotizados. No podemos olvidar las ferias y muestras de arte, que permiten una amplia difusión de las obras con la asistencia de personas interesadas en el arte, y las salas de subastas que “rematan oficialmente” el valor o el precio de una obra.

No obstante cuando el coleccionista o el inversionista decide comprar, el problema radica en si se cruza con unos comerciantes que no son profesionales y que no se preocupan de estar informados ni de documentarse sobre la obra que pretenden vender, por lo que a la hora de estimar los precios solo se basan en referencias de oídas o noticias dando un precio sin base sólida que suele ser muy superior a la realidad del mercado y muy distante a su valor.

Voy a matizar las denominaciones que creo o considero desconciertan al público, en principio las salas de subastas indican en sus catálogos sean impresos o por internet las expresiones de “valores estimados, precios de salida y precio remate”, aquí podemos ver y diferenciar que según los métodos de cada uno, dan a una obra de arte lo que sería el valor o el precio.

Corroboro el comentario que realiza el director de Balclis, Antoni Climen en el artículo publicado por Expansión y que firma Alex Sánchez, que dice “Ahora es mucho más fácil que nuestros clientes conozcan el valor de las piezas que subastamos. Este factor nos exige un mayor grado de auto exigencia en la tasación y valoración de las obras” refiriéndose a la llegada de Internet.

Resumiría el articulo del experto independiente tasador que su objetivo es valorar el arte bajo unos criterios justos y ecuánimes, dejando aparte los intereses que conlleva el mercado del arte, con una valoración lógica y consecuente, no con el mercado sino con la obra de arte que se está valorando.

Pienso que no es fácil matizar para que se entienda y comprenda, cual es la misión del experto independiente tasador, al que le encargan realizar una valoración con la responsabilidad de que la cumpla con imparcialidad, en conclusión “que la valoración sea justa y ecuánime”, y sin que provoque el estupor de nadie.

Me gustaría terminar este artículo dando mi humilde respuesta a la pregunta que lo ha motivado:

Me permito la licencia de apuntar que el arte y el patrimonio se ha de valorar para quienes no son indiferentes a su belleza y para los que son sensibles a su precio.

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